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¿El emprendedor nace o se hace?Emprendimiento en adolescentes

El emprendimiento también forma parte de las posibilidades que los adolescentes pueden empezar a considerar cuando piensan en su futuro académico y profesional. Durante la ESO y el Bachillerato encontramos jóvenes que ya muestran interés por crear sus propios proyectos, desarrollar una idea o generar sus propios ingresos. Esto nos lleva a mirar el emprendimiento no solo como una decisión empresarial futura, sino también como una elección dentro de su desarrollo de carrera. ¿De dónde surge ese interés? ¿Existe una predisposición innata a emprender o intervienen el aprendizaje, los modelos familiares y las experiencias que vamos acumulando?

No es la primera vez que este tema aparece en nuestras reflexiones. En «Adolescentes con ideas innovadoras y ganas de emprender» hablamos del papel que podemos tener las familias para acompañarles. En esta ocasión, quiero ir un poco más allá de la idea y preguntarnos qué contribuye a que un joven se sienta capaz de actuar sobre ella. 

Cómo psicólogos sabemos que la respuesta no puede reducirse simplemente a nacer o hacerse. Existen características individuales relacionadas con la conducta emprendedora. Pero también intervienen el aprendizaje, la autoeficacia, las experiencias previas, los modelos familiares y el contexto en el que nos desarrollamos. Observar el emprendimiento dentro de la familia puede contribuir a normalizarlo como una alternativa profesional posible. Los estudios han visto que por sí solo, no explica por qué una persona termina identificando una oportunidad y decide ponerla en marcha.

La cultura y, especialmente, los procesos de socialización también tienen un papel importante. Un ejemplo que siempre me ha resultado especialmente interesante son los estudios de Michael Frese sobre iniciativa personal. Estudios realizados después de la reunificación alemana, Frese y sus colaboradores encontraron diferencias entre trabajadores de Alemania Oriental y Occidental. Aunque ambas poblaciones pasaban a formar parte de un mismo país, la iniciativa personal era menor en el Este. Los resultados apuntaron al papel de la socialización ocupacional, el control sobre el propio trabajo y la complejidad de las tareas para explicar estas diferencias.

Para mí, este ejemplo permite entender muy bien qué queremos decir cuando hablamos del efecto de la cultura y del contexto. No se trata únicamente del país en el que nacemos, también cuentan las experiencias, normas y formas de relacionarnos con el trabajo. Además, cuales aprendemos qué podemos hacer, qué decisiones podemos tomar y cuánto control percibimos sobre nuestra propia trayectoria profesional.

El valor de las primeras prácticas

Pensar en el peso que pueden tener el contexto, la socialización y las experiencias sobre nuestra forma de relacionarnos con el trabajo me ha llevado también a observar el emprendimiento desde otra perspectiva. Nuestro hijo ha crecido viendo a su padre emprender y siempre ha considerado el emprendimiento como una posible vía de independencia económica y profesional. Este año comienza su segundo curso de Negocios Internacionales en Estados Unidos y hace unos dias nos presentó su idea de negocio con la que quiere contribuir al pago de sus estudios. Lo que más nos sorprendió no fue la idea en sí, sino comprobar que había ido mucho más allá: había identificado un posible mercado, pensado cómo encontrar sus propios clientes y preparado incluso su tarjeta de presentación.

Como madre, evidentemente, me siento muy orgullosa de su iniciativa y, sobre todo, del salto de madurez e independencia que representa. Sin embargo, como psicóloga, orientadora e investigadora en emprendimiento, observar este proceso de primera mano me ha llevado a hacerme otras preguntas. Su experiencia no forma parte de mi investigación y un caso familiar no permite establecer ninguna conclusión científica, pero sí puede convertirse, como ocurre tantas veces en investigación, en el punto de partida de nuevas preguntas.

En casa ha tenido un modelo emprendedor, pero también ha trabajado y realizado prácticas durante varios veranos. Y quizá ahí exista otra parte importante de la explicación que merece nuestra atención. La investigación sobre experiencias laborales durante la adolescencia ha relacionado estas experiencias con el desarrollo de la autoeficacia. Estudios realizados con prácticas remuneradas de verano también han encontrado mejoras en la percepción de competencia profesional y en la confianza de los jóvenes para tomar decisiones relacionadas con su carrera.

Las prácticas dentro del proceso de orientación

Esto me hace preguntarme si estamos entendiendo correctamente el valor de esas primeras experiencias laborales. Un trabajo o unas prácticas de verano pueden permitir que un adolescente conozca un sector profesional. También le ofrecen la oportunidad de comprobar qué sabe hacer y cómo responde ante nuevas responsabilidades. Puede descubrir cómo se desenvuelve en un entorno profesional, qué actividades le interesan y cuáles no. Todo ello le permite conocerse fuera del entorno académico. Desde la orientación, todo esto constituye información sobre uno mismo que difícilmente puede obtenerse únicamente mediante una conversación o un cuestionario.

Pero hay una dimensión que me interesa especialmente: la seguridad que puede construirse a partir de esas experiencias. No me refiero únicamente a seguridad económica entendida como disponer de unos ingresos, sino a la percepción de ser capaz de desenvolverse profesionalmente, aprender, encontrar oportunidades y generar alternativas. Quizá haber trabajado anteriormente permita que, ante una necesidad económica futura, un joven no perciba una única posibilidad, sino diferentes caminos para responder a ella. El empleo puede ser uno de ellos y el autoempleo otro, sin necesidad de considerar ambos como opciones contrapuestas.

la función de las practicas extraescolares en la construcción de carrera y la orientación vocacional

Como investigadora se une inevitablemente a mi experiencia como madre. Muchos padres entendemos que, mientras nuestros hijos estudian Bachillerato, el curso académico está destinado al estudio. Las vacaciones de verano quedan para el descanso, los viajes y el tiempo en familia. Todo ello es necesario. Sin embargo, empiezo a preguntarme si culturalmente hemos infravalorado el potencial educativo y orientador de unas semanas de experiencia laboral. Estas pueden adaptarse a su edad y ser compatibles con el descanso.

Si estas experiencias pueden contribuir al desarrollo de la autoeficacia, también pueden aportar información relevante para la elección de carrera. Además, pueden favorecer una mayor percepción de seguridad frente al futuro profesional. Esto me lleva a preguntarme por qué no las utilizamos con mayor frecuencia como herramienta de orientación.

En España existen iniciativas que incorporan experiencias en empresas durante la ESO. El propio currículo también contempla la exploración del mundo profesional. Sin embargo, todavía necesitamos analizar hasta qué punto estas experiencias están integradas de manera sistemática en nuestros modelos de orientación. También necesitamos conocer sus efectos en diferentes etapas y contextos.

Esta reflexión conecta directamente con la forma en que entendemos la orientación en VIPro Education. La elección académica y profesional no debería construirse únicamente desde la información sobre estudios o profesiones. La construcción de carrera puede desarrollarse desde experiencias que permitan al adolescente explorar, contrastar lo que piensa sobre sí mismo. Ellos tambien descubre cuando actúa y desarrollar progresivamente la confianza necesaria para tomar sus propias decisiones.

Después de observar a mi hijo, mi pregunta como investigadora ya no se limita a si el emprendedor nace o se hace. Me interesa comprender el papel que pueden tener las primeras experiencias laborales en el desarrollo de la autoeficacia, la exploración y la seguridad profesional. También me pregunto qué ocurriría si dejáramos de considerarlas simplemente como un primer contacto con el trabajo. Quizá podamos empezar a entenderlas como una verdadera herramienta de orientación vocacional.

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